Hace no mucho tiempo atrás, el cerco entre los rubros de carne y leche era infranqueable. Recuerdo con claridad los años 2008-2010, en los cuales la carne importada comenzó a presionar con fuerza nuestro mercado interno, y mientras el orgullo de nuestra genética criancera desapareció junto a sus rebaños en gran parte de la zona centro-sur de Chile, el sector lechero crecía con perspectivas auspiciosas y tremendamente rentables. Creo que en esa época nuestra visión de futuro fue errada, ambos rubros trabajamos generalmente en forma separada, y aún cuando hay temas propios de cada subsector, nos cuesta recordar que nuestra especie bovina base es común para ambos.

Hoy la importación de productos también afecta al sector lácteo, y en comparación al sector cárnico, el proceso se ha sido mucho más rápido. Ahora ambos rubros nos vemos afectados en forma seria sobre la presión de precios pagados a productor con tendencia a un techo más bajo, tanto en carne como en leche. La carne recibe gran parte de los terneros y hembras de descarte de la lechería, y de igual forma, aspectos sanitarios, de bienestar animal y de marco regulatorio nos afectan en muchos ámbitos en forma similar.

Sería interesante que los subsectores de la economía pudieran considerar un mayor cruce entre sus problemas y oportunidades en análisis sectoriales. Si el turismo vende tranquilidad, aguas limpias, verdes y bucólicos paisajes, es probablemente porque son zonas ganaderas para carne o leche. Y no es tan sólo una actividad comercial, es nuestra cultura. Y ese nexo de arraigo con lo nuestro puede fomentarse, porque nos brinda un sentido de pertenencia, una preferencia por los productos y servicios locales.

Por ello, en Corpcarne hemos tomado con fuerza líneas de trabajo productivo que permitan acelerar procesos virtuosos para ser más competitivos. Estamos invitando a productores lecheros a trabajar las temáticas comunes, con buenas respuestas, pero puede hacerse muchísimo más. Porque estamos seguros que tanto problemas como oportunidades en ambos rubros transitan cada vez con más frecuencia sobre un camino mutuo.

Verónica Ruiz Nolf
Corpcarne.